Survival Horror

Survival Horror

miércoles, 9 de noviembre de 2011

1. LA HOGUERA


Deben de ser ya varios meses. Desde que el mundo murió es casi imposible determinar cuánto tiempo ha pasado. Todo ha cambiado tanto… ya no hay día ni noche, principio ni final, solo hay cambio. Es una sensación tan agobiante…
Desde que el mundo murió no ha vuelto a amanecer, la oscuridad es absoluta, ni siquiera puedo saber de qué color es esta cosa suave y polvorienta que se nos cae encima, ni siquiera se si sigue teniendo sentido el concepto color… ¿cómo voy a saber cuantos días han pasado? No puedo saber ni dónde estoy.
Me siento en el suelo y espero, es casi todo lo que se puede hacer. Una luz tenue y parpadeante me acompaña con una frecuencia de dos segundos entre cada destello. Apenas con fuerza, sus baterías pueden casi iluminarnos por unas milésimas de segundo cada vez. Durante ese tiempo reconozco el rostro de mi compañero e intuyo la silueta de su cuerpo sentada frente a mí, separados por la luz parpadeante. Acurrucados… solo sentados, ni siquiera esperando.
Lo oigo tiritar de frío mientras respira dificultosamente, puedo ver su vaho. Tengo motivos para pensar que es algo más, podría ser su alma que ansía escapar… la mía creo que me abandonó hace tiempo.
Ambos hemos acordado que en momentos así no estallaríamos la burbuja de felicidad imaginaria del otro. Ambos nos sentaríamos alrededor de la luz parpadeante y nos inclinaríamos sobre ella e imaginaremos que es fuego, un recurso que ha desaparecido para siempre junto con la inocencia de este mundo. Añoraremos esa cálida y luminosa sensación mientras estemos sentados y ambos respetaremos ese momento, será nuestra forma de recordar lo que es estar vivos, aquello que sabemos que existió, pero ya no sabemos cuándo. Yo sentía pena, veía su rostro casi lloroso, con los ojos cerrados, intentándose concentrar para sentir el calor, pero yo no podía… no tenía esa fuerza de voluntad, perdí toda la esperanza. No quería estropear su momento, pero observarlo me hacía pensar. Quería llorar, igual que hacía muchas noches sin avergonzarme de nada, pero estaba demasiado triste para ello.
A nuestro alrededor… solo oscuridad, nada más. Tan densa como el alquitrán, casi infranqueable como el acero. Podría tener justo detrás a una terrible bestia pensando de qué forma original podría arrancar mi cabeza y comer de ella como de un cuenco, tan solo a diez centímetros, y yo no darme cuenta. Era algo absolutamente inexplicable.
Lo vuelvo a mirar y pienso en cómo nos conocimos, todo había comenzado ya, encontrar a otra persona tan activa como yo era la única forma de haber aguantado hasta hoy. Yo ya estaba solo por aquel entonces, pero tenía un refugio. Eran días grises, y cuando digo grises me refiero a: mejores que éste. Entonces el mundo todavía tenía un poco de energía, tan solo algo residual, pero tenía, se podía andar por la calle como si fuese una noche oscura de las de antaño.
Yo había encontrado un refugio en una casa, en una zona residencial vallada. A dos manzanas había un supermercado al que solía ir a por provisiones, y ese día tenía mucha hambre. Bajé a la calle, con una cazuela y un cuchillo en las manos, eran las únicas armas que había en la casa, y yo no soy alguien preparado, soy un indeciso que nunca se siente suficientemente protegido. Así que cogí ambas cosas, incluso sabiendo que posiblemente me entorpecerían.
Reconocía la urbanización pese a la oscuridad, casi en lo más alto solía vivir mi novia, pensaba que quizás algún día reuniese suficiente valor para ir hasta allá y hacerme con algún recuerdo. En momentos así sé que debo olvidar los sentimientos, no dejarme conmover, pero no soy ese soldado… no lo soy…
Iba agazapado, pegado a la pared. Exponerme en mitad de la calle me daba miedo, casi no podía ver ni el otro extremo de la calle, la oscuridad era como una niebla que lo emborronaba todo. El viento soplaba lo justo para hacer ruido, me hacía sentir la única persona del mundo, lo peor es que podía tener razón.
Me llamaron la atención unos golpes de metal dados con mucha fuerza, como un herrero en mitad de la nada. Se multiplicaba, había más de un foco de sonido y el eco lo hacía penetrante hasta que llegué a pensar que los golpes salían de mi cabeza. Hierro contra metal… reuní fuerzas para avanzar, casi en brazos de la curiosidad.
En cierto modo me esperaba lo peor, con la seguridad de que acertaría, y así fue: Debían ser tres, y todavía no había visto ninguno de éstos… Eran unas criaturas diferentes a las vistas hasta ahora. Eran cadáveres sin sus extremidades naturales, de su torso fallecido salían cuatro patas de forma aleatoria, daba igual si salían de la tripa, que del cuello, que del culo… cada pata salía por donde quería. Su cabeza de humano era utilizada por aquello que lo poseía como su cabeza natural, carente de expresión pero con mirada hueca. Sus garras parecían ser de acero y golpeaban farolas de la calle hasta tumbarlas, luego las comían.
Me quedé paralizado, tan impresionado que la cazuela me cayó de las manos y retumbó en toda la zona, de principio a fin como único sonido existente si obviamos el viento. Me miraron inmediatamente y comprendí que no debí haber ido hasta ahí. Rugieron y empezaron a perseguirme, golpeando el suelo con sus garras, a cada uno de sus pasos me producía dentera. Cogí la cazuela y corrí, me perseguía la muerte. Maldije la cazuela y se la lancé admitiendo que no me serviría de nada, si me cogen, me cortarán las extremidades sin más para ocupar mi cuerpo también. El sonido de sus chirriantes garras contra el suelo era como de un tren a punto de descarrilar y cada vez estaba más cerca, no veía salida.
Corría colina abajo por la calle, deslizándome entre la oscuridad, tan densa que me frenaba. Alcancé a ver una silueta humana en mitad de la calle, estaba quieta, no se inmutaba. Pasé a su lado y no pude ver su rostro, realmente no se si tenía. Aquellas bestias pasaron también a su lado y ninguna pareció apreciarlo, nadie salvo yo se inmutó. Miraba hacia atrás incrédulo, pensé que si no me moviese, igual las criaturas no me verían, pero era incapaz de pararme. No tengo esos huevos… Volví mi mirada al frente y ahí estaba de nuevo esa persona, inquieta, pero tan cerca de mí que no pude evitar chocar contra ella. Rodé varios metros por el suelo y me tapé la cara con las manos. Inútil acto reflejo… Pero no pasó nada.
Esperaba a ser despedazado, pero todo había enmudecido, las garras no chirriaban más. Aparté mis manos y no había nadie, ni esa persona, ni las criaturas, solo el viento que susurraba mis oídos con terrorífico erotismo y empezó a llover.
Puse mi cabeza entre las rodillas y respiré mientras me mojaba, lo había dado todo por perdido… No sé qué ha pasado con el mundo, no encuentro una explicación, pero ahora me quiero quedar un rato bajo la lluvia. Es lo que recuerdo con más claridad, pensé eso.
Ni siquiera me había dado cuenta de que había farolas en la calle, obviamente ya no servían de nada, pero de pronto, una de ellas empezó a parpadear. Se descubría un intermitente cono de luz relleno de un denso humo. Era la oscuridad vista a través de la luz, como una niebla, como el polvo que atraviesa un rayo de luz, pero esto era mucho más suave y bello. Me levanté curioso de nuevo, casi olvidando todo lo ocurrido con anterioridad, no debería, pero creo que era el efecto de la oscuridad, me hipnotizaba, me hacía olvidar y me convertía en imprudente. Todo formaba parte de su divino plan de sufrimiento, sabía como atraerme y seducirme para golpearme más fuerte, ya lo había hecho con mis seres queridos.
Tras la incontrolable atracción hacia el parpadeo, la luz se apagó definitivamente, el tiempo suficiente para que me calmase, pensase que solo fue una casualidad. Pero la luz se encendió definitivamente y apareció una persona bajo ella. Caí de culo asustado. La luz ahora era firme, quien parpadeaba era la silueta de esa persona a quien no podía ver la cara, como una interferencia televisiva. Me arrastré hacia atrás sin perder mi mirada de todo aquello.
Esa persona anduvo torpemente hacia mí, tambaleándose como un zombi y rugiendo también como ellos. Su cuello tenía un corte y su cabeza colgaba. Producía un graznido aterrador. Del agujero de su cuello caían cosas, como babosas tan grandes como un antebrazo, no dejaba de soltar esas cosas mientras seguía avanzando. Ya en el suelo, esas cosas se deslizaban a más velocidad hacia mí, tentáculos hambrientos que gruñían. Me volví a levantar, pensé en marcharme, pero al otro lado de la calle encendió otra luz y apareció otra de esas criaturas… y otra, y otra… se encendían más farolas mostrando su cono iluminado escuchándose cada vez un golpe seco que retumbaba como nunca lo había oído, diría que ese sonido fluía por la oscuridad, como un medio diferente al aire que lo transportase mejor. Estaba rodeado, todos graznaban uniformemente y avanzaban, me encerraban mientras sus diminutos tentáculos me acechaban.
Los tentáculos se detuvieron con un cadáver que había por el suelo, ahora visible gracias a las cegadoras luces de las farolas. Pude ver como mostraban una dentadura afilada que ocultaban bajo su asqueroso pero inocente aspecto. Hundieron su cara en aquel cuerpo y segundos más tarde habían penetrado en su interior. Tras la entrada de varios tentáculos, el cuerpo se levantó como uno más de esos seres vomitadores.
Noté uno de ellos en mi pierna, sus dientes resquebrajaban mi tibia, sentía como penetraba. Cuchillo en mano decidí clavárselo, lo maté, pero mi torpeza también me hirió a mí, llegué a clavarme la punta del cuchillo, pero solo fue un doloroso rasguño. Llegaban decenas de ellos y traté de pisarlos, sus cabezas estallaban bajo mi zapato y salpicaban una substancia tan viscosa que parecía indivisible. Se deslizaban serpenteantes como perros hambrientos emitiendo un sonido agudo y desgarrado. Rápidos y saltarines, algunos se enganchaban a mi torso o mis brazos, clavaban sus dientes, era doloroso, pero la adrenalina me ayudaba a no sentir.
Yo me agitaba, pero seguían enganchados, tenía que arrancarlos con mis manos y lanzarlos, quitármelos de encima y patear el suelo como un subnormal, pero mi apariencia de cara al exterior no importaba una mierda. Separarlos de mí era como sacarse una flecha, estaban aferrados, pero ya curaría mis heridas.
Sus viscosas entrañas empapaban mis pantorrillas y zapatillas cuando no distinguí más tentáculos vivos entre los aplastados, los abiertos en canal y los moribundos que se agitaban convulsamente. Levanté la vista y vi a aquellas personas tambaleando rugiendo por el agujero de su cuello, supurando un líquido que se convertía en pompas cuando más se hacía escuchar. No pensé, le solté la hostia de mi vida, de derecha a izquierda. Su cabeza se terminó de soltar y cayó rodando. Su cuerpo se tambaleó un poco más antes de desfallecer.
Sentí otro cuerpo por detrás, me sentí poderoso y lancé otra de mis poderosas hostias contra él. Nunca pensé que un capullo enclenque como yo pudiese pegar unas golpes tan cojonudos. Le golpeé, pero tenía la cabeza mucho mejor sujeta que el anterior, solo retrocedió, pude ver que era muy corpulento. Me lancé a por él como un tigre, pero me frenó con un rodillazo a la boca del estómago, y al agacharme me sacudió con el codo en la espalda hasta tumbarme rendido en el suelo.
Gemí de dolor, y aquella cosa se detuvo, otra vez silencio, como antes. Pero esta vez no estaba solo. Me cogió y me dio la vuelta hacia arriba, me miró a los ojos con el puño en alza, listo para golpearme, y permaneció quieto durante unos instantes, respirando fuerte. Finalmente dijo: ¡Coño! ¿Has visto eso? Debía de haber no se cuantos hijos de puta…
Me tendió la mano para ayudarme. Había encontrado a otra persona, a pesar de no poder respirar por los golpes, estaba contento. Me incorporé y abrió sus brazos ofreciéndome un abrazo. La melancolía me hizo aceptar, no recordaba lo que era ver a un ser humano. Lo abracé y casi lloré, no se si de dolor o de alegría. Él dijo también con voz temblorosa y conmovida: Gracias a dios tío… gracias a dios…
-Siento haberte golpeado así. Pensaba que eras…
-¿Uno de ellos? Lo sé, yo también pensé eso de ti, no quería sacudirte.
-¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? Lo cierto es que se pelear, puedo haberte hecho daño.
-Vaya… casi no me doy cuenta de eso. –Contesté. –Solo necesito recuperar un poco el aliento. ¿Cómo puedes seguir con esa fuerza después de tanto tiempo a oscuras?
-No me gusta hablar mucho de ello… es gracias a mi anterior vida, ya sabes… pensar en ello me resulta jodido. Fui muy buen deportista.
-Ya veo.
Las luces de las farolas se volvieron a apagar, nos pusimos alerta. El suelo parecía moverse como el agua del mar agitada por el viento siempre presente. El asfalto parecía elevarse por encima de nuestras cabezas, se deshacía en el cielo y dejaba a la vista su verdadero aspecto. Las partículas de la anterior calzada se quedaban flotando en el aire, como cenizas llevadas por el viento, y no se como llamarlo, pero lo que quedaba al descubierto era terreno muerto, no encuentro palabras para definirlo, solo mirarlo ya era triste. No pasó nada más pero fue tenebroso e inquietante, el mundo puede seguir cambiando todavía a peor. ¿Será solo cuestión de tiempo que empeore todavía más? ¿Que el ambiente se cargue más con las cenizas del mundo que sigue muriendo? Cada vez se volvía más oscuro, algún día todo esto nos aplastaría.
Fui a un sitio más seguro con mi nuevo amigo, dentro de una casa cercana desconocida para ambos. Al alejarme de mi ruta habitual ya no sabía dónde me encontraba, y él tampoco. Tras conocernos un poco mejor, salió una pregunta habitual en el anterior mundo, pero no tanto en éste, aunque realmente nada era habitual aquí salvo la muerte y la oscuridad.
-Llevamos un buen rato hablando, ¿Cuál es tu nombre? –Me interesé.
-No quiero hablar de nombres, odio recordar todo lo anterior a esto, solo sirve para volverme débil. No tengo nombre, ya no lo recuerdo.
-Yo soy débil… pero puede que tengas razón. Si vamos a estar juntos quizá debamos ponernos un nuevo nombre. Algo que nos guste… aunque no se qué puede ser.
-Me gustaban mucho las albóndigas, era lo que más me gustaba del mundo… ¡Ah Joder! Adoraba esa mierda. Es imposible olvidarlo…
-No lo olvides. Recuerda tan solo eso. Será agradable encontrar algo de diversión en medio de toda esta mierda. ¿Por qué no te llamas Meatball?
-Estoy de acuerdo tío. ¿Pero cómo te llamaremos a ti?
-No se… tendré que pensar en ello.
-Tío… no pienses más, hay que tener un par de cojones para aguantar aquí. Deberías llamarte cojones.
-Que así sea. De todas formas ya no hay nadie para alarmarse por escuchar este tipo de palabra.
-Ja ja, ya lo creo. Tienes toda la razón del mundo, esas cosas carecen de sentido. Ya no hay barreras, aquí viene mi tributo al nuevo mundo: ¡Cojones, joder, hostia puta, me cago en dios! –Gritó con todo su aliento y siguió gritando. – ¡Iros a tomar por culo, me coméis todos la polla!
Era divertido y me quise unir a la fiesta. Me partí de la risa al verlo blasfemar de ese modo. De una forma u otra, habíamos hecho algo divertido aprovechando una ventaja del nuevo mundo.
- ¡Tengo unas pelotas que me las piso! ¡No puedo ni ir en bici! ¡Mierda de mierda de mierda de mierda! ¡Ah por cierto! ¡Pamela Ánderson era una zorra, pero qué melones tenía!
Gritar nos vino muy bien, nos desahogamos, esa noche nos reímos un montón. No había normas, la única era aprender a disfrutar de las cosas pequeñas. De una forma habíamos dado un paso para adaptarnos a esto. Estábamos empezando a vivir en un mundo muerto y hasta el día de hoy, aquí en la hoguera imaginaria, hemos seguido juntos. Sigo pensando que todo esto es una mierda, pero quiero permanecer en ella, al menos de momento. Antes que abandonar, a pesar de saber que por mucho que luche, no hay nada que ganar.


 Nota:
Hola leyentes, muchos os preguntareis a qué viene todo ésto, qué es esto de Survival Horror. Pues sin más misterio que el de la propia historia, no es más que una serie, como las de televisión, pero ésta está escrita. Tendrá su actualización semanal, como las series de verdad. En ella se contará la historia de los peronajes que consiguieron salir adelante en un mundo que ha fallecido, conquistado por las tinieblas y habitado por criaturas deformes. Mi objetivo es contar una historia capitulada semana tras semana, que trata de cómo éstos personajes sobreviven y se adaptan a una situación inadaptable. Sobretodo de su evolución dentro de éste nuevo mundo desde el que añorarán los antiguos privilegios.
Gracias por leer, espero que os haya gustado, próximamente la continuación.
Un saludo.

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